
La solidaridad en la filosofía de la
liberación se da en dos sentidos, por un lado, entre esos grupos de oprimidos
que se identifican en las mismas condiciones de exclusión o «exterioridad» y
por otro lado desde «la totalidad», desde los no excluidos, incluso quizá de quienes
ejercen la hegemonía, que reconocen en el otro-excluido el origen del
contradiscurso, lo escuchan y facilitan el dialogo para descubrir la negación dialéctica,
así como los medios para su liberación.
Hoy escribimos sobre feminismo en memoria
de Mara Castilla, el actual rostro de una realidad cruda en México: el
machismo. Mara no es el único rostro de este cáncer y tristemente no será el
último. Esa es precisamente la justificación de la liberación de la mujer, del feminismo
que no es exclusivo de las mujeres sino de toda la sociedad, de excluidos y no
excluidos. Si el machismo es una realidad, debe existir un activismo constante
y permanente, que se esmere en construir una sociedad en la que ni el sexo ni
el género sean motivo de discriminación de ningún tipo.
Sobre el feminicidio de Mara existen dudas
claras sobre la versión que sobre el caso ha elaborado la Procuraduría. Que si estrangulación,
que si violación, que si el taxista o la aplicación, que si el novio o la
familia influyente de éste o aquél. Así llegamos a la resolución de un
conflicto con las fallas que siempre se han denunciado de la procuración de
justicia, del nepotismo y la corrupción. La auténtica justicia feminista, la
auténtica justicia para Mara, no está en un chivo
expiatorio, está en la persecución del verdadero criminal, sea quien sea;
está en el honor a la verdad, a la verdad de Mara; y más allá, está en las
medidas que como gobierno y como sociedad llevemos a cabo para evitar que haya
más víctimas a consecuencia del machismo.

Feminismo ¡siempre!; sexismo ¡jamás!
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